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Junio 2009
Una buena hibernación
Días cortos y oscuros, noches largas, tu casa acogedora. ¿Te gustaría hacer como los osos, refugiarte en tu cueva y dormir durante el invierno? ¿Sí? Adelante, pues el sueño puede transformarse en una verdadera fuente de juventud.
Las “hadas madrinas” de la piel se despiertan sólo cuando tú te vas a dormir. Las brigadas de renovación de tu cuerpo trabajan a pleno rendimiento cuando duermes. Por las noches, el metabolismo hormonal estimula la división de las células de la piel, que entonces es de ocho a diez veces más rápida que durante el día. El estrógeno se produce en grandes cantidades durante las fases de sueño profundo, lo cual tiene consecuencias favorables en el equilibrio hídrico de la piel. Si la piel está bien hidratada, es más resistente a los cambios de temperatura, luce más saludable y desaparecen las líneas superficiales que la surcan. Durante la noche, también la melatonina está más activa que durante el día. Como una píldora mágica, esta hormona contribuye a eliminar las impurezas y las pequeñas imperfecciones de la piel. ¿Quieres ayudar a la regeneración de tu piel? Utiliza una crema de noche que actúe en silencio mientras tú duermes plácidamente.
Si tus actividades te lo permiten, resérvate unos momentos para descansar durante el día. La siesta es más eficaz si te colocas unos discos apenas húmedos sobre los párpados. Así, con la oscuridad, te dormirás más rápidamente, y la suave presión de los discos húmedos sobre los ojos te reconfortará y te hará sentir muy relajada. Así y todo, no duermas más de 15 minutos, porque tu organismo ingresará en una fase de sueño más prolongado y te levantarás cansada.
Ponte ropa ligera durante tu sueño de belleza. El aire fresco estimula el metabolismo de la piel. En cambio, el calor y la humedad excesiva no son recomendables. Si en tu hogar tienes un balcón o un jardín, llévate una manta y duerme la siesta al aire libre en una tumbona. El aire fresco hará que tu piel adquiera un buen color y además fortalece los bronquios, que se vuelven más resistentes a los resfríos. Por la noche, aunque haga frío, deja la ventana abierta; no estés en un ambiente cerrado, rodeada del calor seco que genera la calefacción. Tu sistema inmunológico te lo agradecerá. Cuando los días empiecen a ser más largos, podrás dormir hasta más tarde y, a la luz del día, te verás mucho más joven.
Y siempre puedes multiplicar este efecto y dejarte seducir por la maravillosa sensación del letargo primaveral.










