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Julio 2009
Abre los ojos
¿No sería genial empezar cada día animada? Puedes contribuir a sentirte bien si te regalas cada mañana un momento de bienestar. Éstos son nuestros trucos para empezar bien el día.
Nadie puede robarme este momento
Pasa los primeros momentos del día a solas. Crea un contrapeso positivo al sonido del despertador y a la sensación de estar pegada a la almohada. Reserva cada mañana un breve momento para algo especial: una buena canción, una foto que te traiga buenos recuerdos, una ducha relajante y caliente cuando hace frío. Esto despertará tus sentidos y canalizará tu humor hacia lo positivo.
Activa tu cuerpo
Por la mañana, la tensión y la relajación tienen un efecto dinamizante en el cuerpo. Empieza con movimientos fluidos. Ponte en cuatro patas –con las manos y las rodillas tocando el suelo– y arquea y redondea la espalda alternativamente. Respira hondo.
Aprovecha el tiempo que dedicas a lavarte los dientes: mantente de pie sobre la pierna derecha, pon el brazo izquierdo sobre la cadera izquierda y conserva el equilibrio un minuto. Después cambia manos y piernas –incluido el cepillo de dientes–. Cierra los ojos. Te ayudará a ejercitar la coordinación y el sentido del equilibrio.
Desayuno para la mente
Una cabeza adormilada necesita paz y tranquilidad para despertarse. Cuando nos despertamos, nuestros pensamientos todavía son confusos. Poco a poco vuelven a agruparse y se recupera el sentido de la orientación. Algunos rituales ayudarán a tu cabeza a centrarse dándole tiempo para prepararse para las tareas diarias. No la enredes directamente con tareas pesadas como leer el diario o planificar el día. Mejor, lee un verso, una cita que hayas escogido la noche anterior. Recuerda: en este caso, la repetición equivale a progreso. Medita sobre una frase durante unos minutos y deja que vaya penetrando en lugar de intentar absorber demasiada información nueva.










